Hoy en día, parece imposible concebir un mundo en el que no podamos hablar por Whatsapp, Line, ... no podamos clickar “me gusta” en Facebook o no podamos retwittear ese mensaje que nos da boleto para el tan ansiado concurso. Y es que las nuevas tecnologías se han vuelto algo indispensable en nuestras vidas. Pero como todo lo indispensable, también entraña sus riesgos.
Entre los más sonados se encuentra el ciberacoso o ciberbullying. Este fenómeno se caracteriza por ser una extensión del acoso a través de de los medios tecnológicos, teléfono o internet, en el cual una persona (acosador) trata de minar la autoestima de otra (acosado) enviándole mensajes amenazantes, intimidatorios o chantajistas a través de emails, mensajería instantánea (whatsapp, chat…), redes sociales (facebook, tuenti…) o sms.
 
El acoso escolar y el ciberacoso (en inglés bullying y cyberbullying respectivamente), son formas de violencia entre iguales que se dan tanto en la escuela - acoso - como en internet - ciberacoso - a partir de las relaciones que emergen en la vida escolar.
 
El acoso escolar y el ciberacoso que sufren muchos niños y niñas tienen repercusiones negativas en su bienestar, en su desarrollo y en el ejercicio de sus derechos. Los gobiernos, las autoridades educativas, los centros educativos, los profesores y las profesoras, las familias y los mismos niños y niñas podemos hacer esfuerzos para que esto no ocurra.
 
Las familias son un pilar fundamental para prevenir el acoso y el ciberacoso y para trabajar de manera coordinada con los demás agentes de la comunidad educativa. Los padres y madres deberían estar atentos al uso que hacen sus hijos e hijas de las Tecnologías de la Información y la Comunicación